La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ya hemos visto como, preocupado por todas estas ideas —ninguna de las cuales había sido suficiente para que acortase el paso—, nuestro amigo Ángel Pitou, luciendo siempre su uniforme de capitán de la guardia nacional de Haramont, había llegado al Campo de Marte por el puente de Luis XV y la calle de Grenelle, precisamente a tiempo para impedir que Billot fuese arrojado al río como muerto. Por otra parte, se recordará cómo Gilberto, hallándose en la habitación del rey, había recibido un billete sin firma, en el que reconoció, sin embargo, la escritura de Cagliostro, y que contenía este párrafo:
«¡Deja ahí a esos dos condenados a quienes aún se llama por irrisión rey y reina, y corre sin perder tiempo al hospital de Gros-Caillou, donde encontrarás un moribundo menos enfermo que ellos, porque tú puedes salvarle, mientras que los otros, sin que puedas hacer nada en su favor, te arrastrarán en su caída!».
Como ya hemos dicho, al saber por la señora de Campan que la reina, que acababa de separarse de él invitándole a esperar su vuelta, estaba ocupada y le daba permiso para retirarse, había salido de las Tullerías, y siguiendo poco más o menos el mismo camino que Pitou, costeó el Campo de Marte para ir al hospital de Gros-Caillou, donde al visitar varios heridos acompañado de dos enfermeros, fue llamado por una voz junto al lecho del moribundo.