La Condesa de Charny
La Condesa de Charny De las dos personas a quienes el doctor Raynal había creído de su deber dar cuenta acerca de la situación desesperada de la madre Billot, la una, como se ve, estaba en cama en un estado próximo a la muerte, era el marido; solamente la otra persona podía asistir a la agonizante en sus últimos momentos, y era su hija.
Se necesitaba, pues, poner en conocimiento de Catalina la situación en que se hallaban su madre y su padre; pero ¿dónde estaba Catalina?
No se tenía más que un medio para saberlo, que era dirigirse al conde de Charny.
Pitou había sido recibido tan benévolamente por la condesa el día en que de parte de Gilberto la llevó su hijo, que no vaciló en ofrecerse para ir a informarse de las señas de Catalina a la casa de la calle Coq-Héron, por avanzada que fuese la hora de la noche.
En efecto, las once y media daban en el reloj de la Escuela militar cuando la cura terminó, y sólo entonces pudieron Gilberto y Pitou separarse del lecho de Billot.
Gilberto recomendó el herido a los enfermeros, y ya no quedaba más que hacer sino dejar a la naturaleza ejercer su influencia.
