La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, solamente hay dos o tres —repuso Gilberto, recordando, como un relámpago de su juventud, los paseos que había dado con su maestro Rousseau en los bosques de Louveciennes de Meudon y de Ville-d’Avray.

—Pues bien —dijo Pitou—, entonces las tres leguas serán cuestión de una hora.

—Y ¿crees tú —preguntó Gilberto—, que Catalina podrá recorrer, con la facilidad que tú, las tres leguas de Ville-d’Avray a París y las dieciocho que hay desde París a Villers-Cotterêts?

—¡Ah!, es cierto —contestó Pitou—, dispensad, señor Gilberto, soy un imbécil… A propósito: ¿cómo sigue Sebastián?

—Muy bien; mañana le verás.

—¿Siempre en casa del abate Berardier?

—Siempre.

—¡Ah!, tanto mejor; me alegraré mucho de verle.

—También él se alegrará, Pitou, pues así como yo, te ama de todo corazón.

Y con esta seguridad, el doctor y Ángel Pitou se detuvieron delante de la puerta de la casa del primero.

Pitou dormía como andaba, como comía o como se batía, es decir, de todo corazón; pero gracias a la costumbre contraída en el campo de levantarse al amanecer, ya estaba en pie a las cinco.

A las seis, el coche estuvo preparado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker