La Condesa de Charny

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Los que eran piadosos se aprovechaban de la advertencia, enviando a buscar al sacerdote.

Los impíos ordenaban que si se presentaba se le cerrase la puerta.

Catalina era piadosa.

Ignoraba las diferencias que habían mediado entre Billot y el abate Fortier, o más bien, no les daba mucha importancia.

Por eso encargó a la señora Clement que fuese a buscar al abate Fortier para que administrara los últimos sacramentos a su madre. Siendo Pisseleu un caserío demasiado pequeño para tener iglesia y cura, dependía de Villers-Cotterêts, en cuyo cementerio se enterraban también los muertos de Pisseleu.

Una hora después, la campanilla del viático resonaba en la puerta de la granja.

El santo sacramento fue recibido de rodillas por Catalina.

Mas apenas el abate Fortier hubo entrado en la habitación de la enferma, apenas vio que estaba sin palabra, sin mirada y sin voz declaró que no daba la absolución sino a las personas que podían confesarse; y por más que se le instó se llevó el viático.

El abate Fortier era un sacerdote de la escuela sombría y terrible: hubiera sido Santo Domingo en España y Valverde en Méjico.


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