La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —A través de los corredores.
—¿Dónde os alcanzó?
—En el momento de subir yo al coche.
—¿Dónde le condujisteis?
—Al salón… el aposento contiguo.
—¿Dónde tomó asiento?
—Junto a mÃ, en el canapé.
—¿Estuvo allà mucho tiempo?
—Media hora, poco más o menos.
—¿Por qué os abandonó?
—Porque oyó ruido de un coche.
—¿Quién iba en él?
Andrea vaciló.
—¿Quién iba en ese coche? —repitió Gilberto con tono más imperioso y mayor voluntad.
—El conde de Charny.
—¿Dónde ocultasteis al niño?
—Le hice entrar en esta habitación.
—¿Qué os dijo al entrar?
—Que yo no era su madre.
—¿Y por qué os ha dicho eso? Hablad, yo lo quiero.
Andrea se calló.
—¿Por qué me lo ha dicho? —preguntó al fin.
—SÃ.
—Porque yo le dije —contestó Andrea, haciendo un esfuerzo—, que erais un miserable y un infame.