La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero en el mismo instante, como si los realistas hubiesen querido desafiar a los nuevos diputados, las tribunas gritaron:
—¡Viva Su Majestad!
Un sordo murmullo circuló por los bancos de los representantes de la nación; sus ojos se fijaron en las tribunas, y observóse que los gritos habían partido principalmente de las reservadas a los antiguos constituyentes.
—Está bien, señores —dijo Couthon—, mañana nos ocuparemos de vosotros.
El rey hizo una seña de que deseaba hablar.
Todos escucharon.
El discurso que pronunció, compuesto por Duport de Tertre, estaba hábilmente concebido e hizo profunda impresión en la Asamblea: versaba sobre la necesidad de mantener el orden y de consagrarse al amor de la patria.
Pastoret presidía la Asamblea.
Este era realista.
El rey había dicho en su discurso que tenía necesidad de ser amado.
—Y nosotros también, señor, nosotros también tenemos necesidad de que nos améis —dijo el presidente.
Al oír estas palabras, toda la sala prorrumpió en aplausos.