La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Los efectos del Monte de Piedad, que el partido francés, al evacuar la ciudad se llevaba consigo, según dijeron.
Al circular esta noticia pasó sobre Aviñón el viento que precede a la tempestad, el famoso y formidable murmullo, término medio entre el rugido del tigre y el silbido de la serpiente.
La miseria era tan grande en Aviñón, que todos habían empeñado alguna cosa.
Los más pobres se creyeron arruinados, por poco que fuese lo que habían dejado en prenda.
Un rico se arruina por un millón y un pobre por un harapo, todo es relativo.
Era el 16 de octubre, un domingo por la mañana. Los campesinos de los alrededores habían ido a la ciudad a oír misa.
Todos estaban armados, pues en aquella época nadie salía de su casa de otra manera.
El momento, pues, se había escogido con oportunidad y además el golpe estaba dado.
Allí no había partido francés ni antifrancés; no había más que ladrones que habían cometido un robo infame, pues despojaban a los pobres.