La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Rusia y Suecia devolvían a Luis XVI, sin abrirlos, los despachos en que les anunciaba haberse adherido a la Constitución.
España rehusaba recibir esos mismos despachos, pero contestaba entregando a la Inquisición un francés, que evitaba el sanbenito quitándose la vida.
Venecia arrojaba sobre la plaza de San Marcos el cadáver de un hombre, estrangulado de noche por orden del consejo de los Diez, con este cartel:
«Ahorcado por francmasón…».
En fin, el emperador y el rey de Prusia, contestaban con una amenaza.
«Nosotros deseamos —decían—, que se provea a la necesidad de tomar serias medidas, para que no se reproduzcan los acontecimientos que dan lugar a tan tristes presagios».
Así, la guerra civil en la Vendée, la guerra civil en el Mediodía, la amenaza extranjera por todas partes.
Luego, sobre la orilla opuesta del Atlántico, los gritos de toda la población de una isla que es pasada a cuchillo.
¿Qué ha ocurrido, pues, allá en el Occidente? ¿Quiénes son esos esclavos negros, que cansados de que los azoten se lanzan a la matanza?
Son los negros de Santo Domingo, que toman un sangriento desquite.