La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En su galano y enérgico discurso sobre los emigrados, Brissot manifestó claramente las intenciones de los reyes y el género de muerte que reservaban a la Revolución.
¿SerÃa degollada?
No, la ahogarÃan.
Después de haber presentado el cuadro de la liga europea; después de haber mostrado aquel cÃrculo de soberanos, los unos con la espada en la mano, arbolando francamente el estandarte del odio, los otros ocultando aún el rostro bajo la máscara de la neutralidad, hasta que pudiesen descubrirlo.
—¡Sea, pues! —exclamó—, aceptamos el reto de la Europa aristocrática; más aún, prevengámoslo; ¡no esperemos a que nos ataque, ataquémosla!
Un aplauso inmenso contestó a esta frase del orador.
Brissot, hombre de instinto más bien que de genio, acababa de formular el pensamiento que habÃa presidido a las elecciones de 1791: la guerra.
