La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El club de los Fuldenses preparó, y el departamento de París firmó, una protesta contra esos decretos, en la cual pedían a Luis XVI que ejerciese su prerrogativa del veto.
¿Qué significaba aquella protesta? El hombre que primeramente había atacado al clero, el Mefistófeles que con la punta de su pie había roto el hielo, Talleyrand, en fin, no veía siempre claro en la revolución.
El rumor sobre el veto se propagó de antemano.
Los Franciscanos se valieron de Camilo Desmoulins, ballestero de la revolución, a quien se ve siempre dispuesto a dar en el blanco con la flecha.
Este hizo también su petición.
Pero como era tartamudo, encargó a Fauchet que la leyese.
Fauchet la leyó.
Concluida la lectura, todo el mundo aplaudió.
Era imposible manejar la cuestión con más ironía, ni tratar de ella más a fondo.
Acordándonos de la máxima de un gran político, Maquiavelo, dijo el compañero de colegio de Robespierre y el amigo de Danton, el cual sentaba que «Si el príncipe debe renunciar a la soberanía, la nación sería demasiado injusta y cruel en extrañar que él se oponga constantemente a la voluntad general, porque es difícil, y aun contra la naturaleza, bajar voluntariamente de un puesto tan alto».