La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Nosotros no nos quejamos, por la Constitución que concede el veto, ni del derecho que le usa. Penetrados de la verdad de la máxima de Maquiavelo, y tomando por ejemplo el mismo Dios, cuyos mandamientos no son imposibles, no exigiremos del exsoberano un amor imposible a la soberanÃa nacional, y no extrañamos que oponga el veto, aun a los mejores decretos.
Según hemos dicho, la Asamblea aplaudió y adoptó la petición, decretó su inserción en el acta y la remisión de esta a los departamentos.
Aquella misma noche, los Fuldenses se alarmaron.
Muchos individuos del club, que lo eran también de la Asamblea, no habÃan asistido a la sesión.
Eran en número de doscientos setenta.
Se anuló el decreto en medio de los silbidos de las tribunas.
Esto equivalÃa a una guerra entre la Asamblea y el club, el cual en lo sucesivo se apoyó más en los Jacobinos, representados por Robespierre, y sobre los Franciscanos, que Danton simbolizaba.
En efecto, Danton se presentó: su gran cabeza sobresalÃa de las demás; como el gigante Adamastor, se elevaba ante el trono, y decÃa: «¡Cuidado, el mar dónde navegas, se llama el piélago de las tempestades!».
A esto se reunÃa que la reina dio repentinamente su apoyo a los Jacobinos contra los Fuldenses.