La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Por qué llamáis espionaje a lo que en otros se llama diplomacia? No ignoro que Dumouriez sostenÃa una correspondencia con el rey sin que los ministros lo supiesen; ¿quién es el noble de corte que en su lugar no hubiese hecho lo mismo?
—La persona que me recomendáis es un hombre esencialmente inmoral —dijo la reina—; no tiene principios ni sentimientos de honor. El señor de Choiseul me ha dicho que Dumouriez le habÃa presentado dos proyectos relativos a los corsos, uno para sujetarlos y otro para emanciparlos.
—Es verdad, señora, pero ha olvidado añadir que el primero fue el que se prefirió, y que Dumouriez se batió valerosamente en su defensa.
—Si lo aceptamos cómo ministro, será lo mismo que declarar la guerra a Europa.
—Señora —dijo Gilberto—, esta declaración está ya hecha en el corazón de todos. ¿Sabe Vuestra Majestad a cuánto ascienden los aliados voluntariamente en los departamentos? A seiscientos mil. En el jura, las mujeres han declarado que todos los hombres pueden partir, y que si les dan picas, ellas se comprometen a defender el territorio.
—Acabáis de pronunciar una palabra que me hace temblar —dijo la reina.