La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Ay de mÃ!, señora, hablo de la que está suspendida sobre vuestra cabeza.
—¿Es decir, que a vuestro modo de ver, señor Gilberto, debemos aceptarlo todo del señor de Narbona como ministro de la guerra?
—Mejor serÃa, señora, que aceptarais desde luego a quien lo substituya.
—¿Quién es?
—Dumouriez.
—¿Dumouriez, un oficial de fortuna?
—¡Ah!, señora, ya se os ha escapado la palabra, y tratándose de la persona a quien se refiere, la creo injusta.
—¿No ha sido Dumouriez simple soldado?
—Sé muy bien que el señor Dumouriez no pertenece a la nobleza de corte, a la cual todo se sacrifica; Dumouriez, noble de provincia, no teniendo ni pudiendo comprar un regimiento, se enganchó en un cuerpo de húsares; a los veinte años se hizo acuchillar por cinco o seis soldados de caballerÃa, no queriéndose rendir, y a pesar de ese rasgo de valor y de una inteligencia reconocida, jamás ascendió en proporción.
—SÃ, inteligencia que ha demostrado siendo espÃa de Luis XVI.