La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En efecto; ellas entraron en las TullerÃas, y Narbona, elevado por el amor, cayó a impulsos de la tormenta. Esta caÃda tuvo lugar hacia el principio de marzo de 1792. AsÃ, casi tres meses después de la entrevista de la reina con Gilberto, un hombre de pequeña estatura, vivo, dispuesto, nervioso, de talento, de mirada ardiente, de edad de cincuenta y seis años, aunque parecÃa tener diez menos, el rostro cubierto de las tintas cobrizas adquiridas en el vivac, fue presentado un dÃa al rey Luis XVI.
Era la primera vez que estos dos hombres se hallaban frente a frente.
El rey echó una mirada de observación sobre el hombrecillo, el cual miró al rey lleno de confianza y con ojos escrutadores.
Nadie estaba en el cuarto para anunciar al extranjero, y esto prueba que ya se le esperaba.
—¿Sois el señor Dumouriez? —dijo el rey.
Dumouriez se inclinó.
—¿Cuánto tiempo hace que estáis en ParÃs?
—Señor, desde principios de febrero.
—¿Os ha hecho venir el señor de Narbona?
—Para anunciarme que se me habÃa empleado en el ejército de Alsacia, a las órdenes del mariscal Luckner, y que se me ponÃa a la cabeza de la división de Besancon.
—Sin embargo, veo que no habéis marchado.