La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señor, he aceptado, pero he hecho al señor de Narbona la observación de que la guerra era inminente (Luis XVI se sobresaltó visiblemente), y que amenazaba ser general —continuó Dumouriez sin manifestar haber observado la inmutación del rey—; por lo tanto, he creÃdo que serÃa oportuno pensar en el MediodÃa, en donde podemos ser atacados de improviso; que me parecerÃa útil se formase un plan de defensa, para ese punto y se destinase a él un general en jefe y un ejército.
—SÃ, y habéis entregado al señor de Narbona ese plan, después de haberlo comunicado al señor Gensonné y a varios individuos de la Gironda.
—¡El señor Gensonné es amigo mÃo, y le creo tan afecto a Vuestra Majestad como yo!
—Vamos —dijo el rey sonriéndose—, ¿eso quiere decir que estoy tratando con un girondino?
—Señor, con un patriota, fiel súbdito de Su Majestad.
Luis XVI se mordió los labios.
—Y ¿para servir con más eficacia al rey y a la patria habéis rehusado el puesto de ministro interino de Negocios extranjeros?
—Señor, al principio contesté que daba la preferencia al mando que se me habÃa ofrecido: yo soy soldado y no diplomático.
—Me han asegurado que erais uno y otro.
—Señor, han querido honrarme demasiado.