La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señor, yo me consagro enteramente a vuestro servicio, pero…
—¿Tenemos restricciones?
—Sólo explicaciones, señor.
—Decid.
—Señor, el puesto de ministro no es hoy lo que era antes; sin cesar de ser fiel a Vuestra Majestad, entrando en el ministerio me constituyo hombre de la nación. AsÃ, desde hoy, no exijáis de mà el lenguaje a que mis antecesores os han habituado, pues yo no podré hablar sino de acuerdo con la libertad y con la Constitución; limitado a mis funciones, no os haré la corte, pues no tendré tiempo para ello; prescindiré de la etiqueta regia para servir mejor al rey; sólo trabajaré con vos o en el Consejo, y os lo digo con franqueza, este trabajo será una lucha.
—¡Una lucha!, y ¿por qué?
—¡Oh!, señor, la cosa es muy sencilla: casi todo vuestro cuerpo diplomático es abiertamente contrarrevolucionario, y os aconsejaré que lo renovéis; quizá contrarÃe vuestros gustos en la nueva elección, porque propondré individuos que Su Majestad no conoce ni aun de nombre, y tal vez algunos que no le agraden.
—En ese caso… —interrumpió vivamente Luis XVI.