La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Dumouriez se inclinó, al mismo tiempo que la reina miraba con una curiosidad sin lÃmite al hombre de breve estatura, que tanta influencia debÃa ejercer en los negocios de Francia.
—¿Conocéis al doctor Gilberto? —preguntó la reina a Dumouriez.
—No, señora.
—Pues bien, trabad relaciones con él.
—¿Puedo saber con qué motivo me lo recomienda Vuestra Majestad?
—Como un profeta excelente; pues ya hace tres meses que me predijo que serÃais el sucesor del señor de Narbona.
En este momento abrieron las puertas del gabinete del rey, el cual iba a misa.
Dumouriez salió en seguida.
Todos los cortesanos se separaron de él como si fuese un apestado.
—¡Mirad como os decÃa bien!, ya estáis comprometido —dijo el rey—, riéndose al oÃdo del general.
—Señor —contestó Dumouriez—, si es con respecto a la aristocracia, es un nuevo favor que Vuestra Majestad se digna hacerme. Y siguió marchando.