La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero el maestro de ceremonias no pareció quedar convencido.
Dumouriez, que oyó ese debate, intervino.
—¿Por qué rehusáis el paso al señor Roland? —preguntó.
—¡Cómo!, ¿sin hebillas y con sombrero redondo?
—¡Ah! —respondió Dumouriez con la mayor sangre fría—: ¡Sombrero redondo y sin hebillas! ¡Todo está perdido!
Y empujó a Roland hacia el despacho del rey.