La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Madame Roland, no es verdad? ¿Por qué las mujeres no se ocupan en hilar o hacer media, en vez de consagrarse a la polÃtica?
—¿Cómo ha de ser, señor? Madame de Maintenon, la marquesa de Pompadour y la condesa du Barry, les hicieron perder la costumbre… El decreto, como decÃa, fue promovido por una malicia profunda, discutido con encarnizamiento y adoptado con entusiasmo; todo el mundo está ciego respecto a ese condenado decreto, y aunque opongáis vuestro veto, no dejará por eso de ejecutarse. En vez de los veinte mil hombres reunidos por una ley, y que por lo tanto se pondrán regularizar, de provincias llegarán en la época de la federación cuarenta mil hombre, que sin decreto podrán derribar a la vez la Asamblea, la Constitución y el trono… Si hubiéramos sido vencedores en vez de quedar derrotados —añadió Dumouriez bajando la voz—, si yo hubiese tenido un pretexto para nombrar a Lafayette general en jefe y poner bajo sus órdenes cien mil hombres, entonces, señor, yo os dirÃa: «¡No aceptéis!». Pero estamos batidos en el exterior y en el interior, y debo decir: «¡Aceptad!».
En aquel momento tocaron a la puerta del rey.
—¡Entrad! —dijo Luis XVI.
Era el ayuda de cámara Thierry.
—Señor —dijo—, el señor Duranthon, ministro de justicia, pide permiso para hablar a Vuestra Majestad.