La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Vuestra Majestad gozaba de grandes prerrogativas que en su concepto correspondían a la corona; y educado bajo la idea de conservarlas, no ha podido ver sin sentimiento que se le despoje de ellas, siendo el deseo de recobrarlas tan natural como el pesar de verlas aniquiladas. Estos sentimientos, propios de la naturaleza del corazón humano, debieron entrar en el cálculo de los enemigos de la Revolución, y han contado con un favor secreto hasta que las circunstancias permitiesen una protección declarada. Estas disposiciones no podían escapar a la nación misma, y han debido inspirarle desconfianza. Vuestra Majestad, pues, ha estado siempre en la alternativa de ceder a sus primeras costumbres, a sus afectos particulares, o de hacer sacrificios dictados por la filosofía, exigidos por la necesidad, y de consiguiente, enardecer a los rebeldes inquietando a la nación, o de tranquilizar a esta uniéndoos con ella. Todo tiene su término, y por fin ha llegado el de la incertidumbre.
¿Puede hoy Vuestra Majestad aliarse abiertamente con aquellos que pretenden reformar la Constitución, o debe consagrarse generosamente, sin reserva, a su triunfo? Tal es la verdadera cuestión, cuyo estado actual de cosas conduce a una solución inevitable.