La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En cuanto a la parte muy metafísica sobre saber si los franceses están maduros para la libertad, esta discusión no hace nada aquí, pues no se trata de juzgar lo que habremos llegado a ser de aquí a un siglo, sino de ver de qué es capaz la generación presente.
La declaración de los Derechos es ahora un evangelio político, y la constitución francesa una religión por la cual el pueblo está dispuesto a perecer. Por eso se ha dado algunas veces el caso de que substituya a la ley, y cuando esta no era bastante represiva para contener a los perturbadores, los ciudadanos se han permitido castigarlos por sí propios. Así es como propiedades de emigrados o de personas reconocidas por ser de su partido, se vieron expuestas a los destrozos inspirados por la venganza; y he aquí por qué tantos departamentos debieron proceder contra los sacerdotes que la opinión había proscrito, y que pudo convertir en víctimas.
En ese choque de los intereses, todos los sentimientos tomaron un carácter de pasión. La palabra patria no es una palabra que la imaginación se haya complacido en hermosear; es un ser al que se hacen sacrificios, y que se ha creado con grandes esfuerzos; que se eleva en medio de las inquietudes, y al que se ama por lo que cuesta tanto como por lo que de él se espera. Todos los ataques que se le dirigen son medios para inflamar el entusiasmo que produce.