La Condesa de Charny
La Condesa de Charny AsÃ, pues, la disposición de los ánimos, el curso de las cosas, las razones de la polÃtica y el interés de Vuestra Majestad, hacen indispensable la obligación de unirse al cuerpo legislativo y responder al voto de la nación; pero la sensibilidad natural de este pueblo afectuoso está dispuesta a encontrar un medio para demostrar su agradecimiento. Se os ha engañado cruelmente, señor, al aconsejaros la separación o la desconfianza para este pueblo, tan fácil de conmover; e inquietándoos de continuo os han inducido a observar una conducta propia para alarmarles; pero si ve que estáis resuelto a seguir adelante con esa constitución de que hace depender su felicidad, muy pronto llegaréis a ser objeto de sus acciones de gracias.
La conducta de los sacerdotes en muchos puntos, y los pretextos que el fanatismo proporcionaba a los descontentos, han inducido a decretar una sabia ley contra los perturbadores. Que Vuestra Majestad la sancione, puesto que la tranquilidad pública la reclama y la salvación de los sacerdotes la solicita, pues si esa ley no se pone en vigor, los departamentos se verán obligados a substituirla, como en todas partes, lo hacen, con medidas violentas, y el pueblo irritado se entregará a los excesos.