La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La carta, que se iba a leer ahora, se leería de nuevo, al día siguiente, a los otros tres ministros, Dumouriez, Lacoste y Duranthon.
O la aprobaban, agregando sus firmas a la de Roland, o la rechazarían, y entonces Servan, Clavières y Roland presentarían colectivamente sus dimisiones, motivadas por la negativa de sus colegas a firmar una carta que a ellos les parecía la expresión de la verdadera opinión pública en Francia.
Después se dejaría la carta en la Asamblea nacional, y de este modo Francia no podría dudar ya sobre la causa de la salida de los tres ministros patriotas.
La carta fue leída a los tres amigos, que no encontraron ni una sola palabra que cambiar; madame Roland era un alma común, donde cada cual iba a tomar el elixir del patriotismo.
Pero no sucedió lo mismo al día siguiente, después de la lectura por Roland a Dumouriez, Duranthon y Lacoste.
Los tres aprobaron la idea, pero difiriendo sobre la manera de expresarla; y por último, rehusaron, diciendo que era mejor ir a ver personalmente al rey.
Era una manera de eludir la cuestión.
Aquella misma noche, Roland envió al rey la carta firmada por él solo.