La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pero los cuatro ministros que no se ocultaban la gravedad de la situación, habÃan convenido en que si el rey, después de salir Servan, Clavières y Roland, no cumplÃa la promesa por la cual se decretó su cesantÃa, presentarÃan su dimisión.
El nuevo consejo, pues, estaba reunido ya.
El rey sabÃa lo ocurrido en la Asamblea; felicitó a Dumouriez por su actitud y sancionó inmediatamente el decreto sobre el campamento de los veinte mil hombres, pero aplazando hasta el dÃa siguiente la sanción del decreto acerca de los sacerdotes.
Objetaba un escrúpulo de conciencia que, según dijo, debÃa desvanecer su confesor.
Los ministros se miraron, y en ellos se despertó la primera duda.
Pero bien mirado, la conciencia timorata del rey podÃa necesitar aquella dilación para tranquilizarse.
Al dÃa siguiente, los ministros volvieron a tratar la cuestión de la vÃspera.
Pero la noche habÃa traÃdo consejo; la voluntad, si no la conciencia del rey, se habÃa confirmado, y declaró que opondrÃa su veto al decreto.
Los cuatro ministros, uno después de otro, y Dumouriez el primero, hablaron al rey con respeto, pero con energÃa.
El rey los escuchó cerrando los ojos, en la actitud de un hombre que ha tomado su resolución.