La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En efecto, cuando hubieron concluido, contestó:
—Señores, he escrito una carta al presidente de la Asamblea, y vosotros la llevaréis juntos.
Era una orden que estaba del todo acorde con el antiguo régimen; pero sonaba mal a los oÃdos de ministros constitucionales, y de consiguiente responsables.
—Señor —dijo Dumouriez después de consultar con la mirada a sus colegas—, ¿no tenéis nada más que ordenarnos?
—No —contestó el rey.
Y se retiró.
Los ministros se quedaron, y acto continuo resolvieron pedir una audiencia para el dÃa siguiente.
HabÃan convenido en presentar sus dimisiones sin dar una explicación.
Dumouriez volvió a su casa. El rey habÃa conseguido casi burlarle, a él que era sagaz polÃtico, astuto diplomático y general que manejaba la intriga.
Encontró en su domicilio tres billetes de personas distintas que le anunciaban la formación de grupos en el arrabal de San Antonio, añadiendo que habÃa conciliábulos en casa de Santerre.
Dumouriez escribió al rey al punto para prevenirle de lo que le anunciaban.
Una hora después recibÃa un billete, sin la firma del rey, pero escrito de su puño y letra; decÃa asÃ: