La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Siete u ocho mil caballeros de San Luis, cuya cinta roja era la señal de reunión.
Tres batallones suizos de mil seiscientos hombres cada uno, tropa escogida e inquebrantable como las antiguas rocas helvéticas.
Y además, lo mejor de todo, una carta de Lafayette, en la cual se encontraba esta frase:
«¡Persistid, señor; fuerte con la autoridad que la Asamblea nacional os ha delegado, tendréis a todos los buenos franceses alineados alrededor del trono!».
He aquí lo que se podía hacer y lo que se proyectaba.
Al resonar un silbido se reunirían la guardia constitucional, los caballeros de San Luis y los suizos.
El mismo día y a igual hora, apoderarse de la artillería de las secciones, cerrar el club de los Jacobinos y la Asamblea, reunir a todos los realistas de la guardia nacional, los cuales formaban un contingente de unos quince mil hombres, y esperar a Lafayette, que en tres días de marcha forzada podría llegar de las Ardenas.
Por desgracia, la reina no quería oír hablar de Lafayette.
Este último era la revolución moderada, y en concepto de la reina, semejante revolución podría persistir y mantenerse; mientras que la de los Jacobinos, por el contrario, cansaría al pueblo muy pronto y no podría tener ninguna consistencia.