La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En el mes de junio amanece muy temprano.
A las cinco de la mañana los batallones estaban ya formados.
Esta vez el motín se había regularizado y tenía el aspecto de una invasión.
La multitud obedecía a los jefes, sometíase a una disciplina y tenía señalados su puesto y su bandera.
Santerre estaba a caballo, rodeado de un estado mayor de hombres del arrabal.
Billot no le abandonaba un momento, y habríase dicho que estaba encargado por algún poder oculto de velar sobre su conducta.
Los amotinados se hallaban divididos en tres cuerpos de ejército.
Santerre mandaba el primero.
Saint-Huruge el segundo.
Theroigne de Mericourt el tercero.
A eso de las once de la mañana, y a consecuencia de una orden traída por un hombre desconocido, la multitud inmensa se puso en movimiento.
Veinte mil hombres, poco más o menos, la componían al salir de la Bastilla.
Aquella muchedumbre presentaba un aspecto salvaje, extraño, terrible.
