La Condesa de Charny

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Capítulo CXL

DONDE EL REY VE QUE HAY CIRCUNSTANCIAS

EN QUE ES POSIBLE EL GORRO FRIGIO SIN SER JACOBINO

Aquel hombre era el doctor Gilberto.

Sólo se le veía a intervalos casi periódicos, y en todas las grandes peripecias del inmenso drama que se iba desarrollando.

—¡Ah!, ¡bien venido, doctor! ¿Qué sucede? —exclamaron a un tiempo el rey y la reina.

—Sucede, señor —dijo Gilberto—, que el palacio está invadido por el pueblo, y que él es quien produce ese ruido, solicitando veros.

—¡Oh! —exclamaron a la vez la reina y madame Isabel—, ¡no nos separaremos de vos, señor!

—¿Quiere Vuestra Majestad —preguntó Gilberto— concederme por una hora el poder que un capitán de buque tiene en este durante la tempestad?

—Os lo concedo —dijo el rey.

Acloque, comandante de la guardia nacional, se presentó en aquel momento en la puerta, pálido, pero decidido a defender al rey.

—¡Caballero —exclamó Gilberto—, he aquí a Su Majestad, que está pronto a seguiros!

Y añadió, volviéndose al rey:

—No os detengáis, señor.


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