La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En este discurso terrible se notaba una fuerza ascendente, un vigor que iba en aumento, un crescendo de tempestad que agitaba el aire con su ala inmensa, semejante a la del huracán.
Por eso produjo el efecto de una tromba; la Asamblea entera, feuillants, realistas, constitucionales, republicanos, público de las tribunas y de los bancos, todo se dejó llevar por el poderoso torbellino, todos profirieron gritos de entusiasmo.
Aquella misma noche, Barbaroux escribió a su amigo Rebecqui, que había quedado en Marsella: «Envíame quinientos hombres que sepan morir».