La Condesa de Charny
La Condesa de Charny «Es menester castigarlo».
No se decía a quien, pero nadie lo ignoraba.
Así continuó hasta media noche.
Hasta media noche retumbó el cañón, y hasta media noche la multitud se agolpó en derredor de los anfiteatros.
Ni un solo cañonazo había dejado de resonar en el corazón de las Tullerías.
Ese corazón de las Tullerías era la pieza en que se hallaban reunidos Luis XVI, María Antonieta, los regios niños y la princesa de Lamballe, los cuales no se separaron un momento en dieciséis horas.
Harto presentían que se trataba de su muerte en aquella grande y solemne jornada.
La familia real se retiró después de las doce de la noche, cuando se supo que el cañón no dejaría oír más su voz.
Desde la época de los primeros grupos en los arrabales, la reina no dormía ya en el piso bajo.
Sus amigos habían podido conseguir que se trasladase a una pieza del piso principal, situada entre el cuarto del rey y el del delfín.
Despierta habitualmente desde el amanecer, exigía que no se cerraran puertas ni persianas, a fin de que sus insomnios fuesen menos penosos.
Madame Campan dormía en la misma habitación que la reina.