La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Diremos con qué motivo consintió la reina en que una de sus camareras se acostase cerca de ella.
Una noche, era la una aproximadamente, MarÃa Antonieta acababa de recogerse y hablaba con madame Campan, de pie al lado de su cama, cuando se oyeron pasos en el corredor, y luego un ruido como de dos hombres que luchan.
Madame Campan quiso salir para ver lo que ocasionaba aquel rumor; pero la reina, asiendo fuertemente de un brazo a su camarera, o más bien a su amiga, dijo:
—No os separéis de mÃ, Campan.
Entretanto una voz gritó desde el corredor:
—Nada temáis, señora; es un malvado que querÃa asesinar a Vuestra Majestad; pero ya le tengo; aquella voz era la del ayuda de cámara.
—¡Dios mÃo —exclamó la reina levantando las manos al cielo—, qué existencia! ¡Ultrajes de dÃa y asesinos de noche!
Y volviéndose hacia el ayuda de cámara, añadió:
—Soltad a ese hombre y abridle la puerta —gritó la reina.
—¡Pero señora!… —dijo madame Campan.
—Si se le prendiese, mañana lo llevarÃan en triunfo los Jacobinos.
Se ocultó a aquel hombre, que era un criado del tocador del rey.