La Condesa de Charny

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Capítulo CXLVIII

Precisamente lo que tranquilizaba a los habitantes de las Tullerías, era lo que asustaba a los revolucionarios.

El palacio, puesto en estado de defensa, se había convertido en una fortaleza con una guarnición respetable.

En la famosa jornada del 4 de agosto, en que tanto se había hecho, la monarquía no permaneció inactiva.

Durante la noche del 4 al 5, se hicieron venir de Courbevoie los batallones suizos.

Pero de estos batallones sólo se habían separado algunas compañías destinadas a Gaillon, donde el rey se refugiaría tal vez.

Tres hombres seguros, tres jefes experimentados, se hallaban cerca de la reina: Maillardoz, con sus suizos; d’Hervilly, con sus caballeros de San Luis y su guardia constitucional; Mandat, comandante general de la guardia nacional, que respondía de veinte mil hombres afectos y decididos.

El 8 por la noche, penetró en el interior del palacio un hombre.

Todos le conocían y pudo llegar sin dificultad hasta la habitación de la reina.

La camarera anunció al doctor Gilberto.

—Que entre —dijo con voz febril.


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