La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Precisamente lo que tranquilizaba a los habitantes de las Tullerías, era lo que asustaba a los revolucionarios.
El palacio, puesto en estado de defensa, se había convertido en una fortaleza con una guarnición respetable.
En la famosa jornada del 4 de agosto, en que tanto se había hecho, la monarquía no permaneció inactiva.
Durante la noche del 4 al 5, se hicieron venir de Courbevoie los batallones suizos.
Pero de estos batallones sólo se habían separado algunas compañías destinadas a Gaillon, donde el rey se refugiaría tal vez.
Tres hombres seguros, tres jefes experimentados, se hallaban cerca de la reina: Maillardoz, con sus suizos; d’Hervilly, con sus caballeros de San Luis y su guardia constitucional; Mandat, comandante general de la guardia nacional, que respondía de veinte mil hombres afectos y decididos.
El 8 por la noche, penetró en el interior del palacio un hombre.
Todos le conocían y pudo llegar sin dificultad hasta la habitación de la reina.
La camarera anunció al doctor Gilberto.
—Que entre —dijo con voz febril.
