La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Las TullerÃas no son una plaza fuerte, señora.
—Es verdad; pero si queréis venir conmigo, os haré ver que pueden resistir algún tiempo.
—Mi deber es seguiros, señora —dijo Gilberto inclinándose.
—Venid —dijo la reina.
Y condujo al señor Gilberto junto a la ventana del centro de la fachada que da al Carrousel, desde la cual se dominaba, no el inmenso patio que se extiende hoy delante del palacio, sino los tres patios pequeños cerrados por muros que entonces existÃan, conocidos con los nombres de patio de los PrÃncipes, el de la parte del pabellón de Flora; de las TullerÃas, el del centro, y de los Suizos, el confinante con la actual calle de RÃvoli.
—Mirad —le dijo.
Gilberto vio, en efecto, que los muros que limitaban aquellos patios podÃan ofrecer a la guarnición un primer punto de defensa, mediante las aspilleras en ellos abiertas, a fin de hacer fuego con seguro éxito sobre los agresores.