La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —SÃ, señor Danton, y entonces me dio vuestras señas, diciéndome: «Supongo que no estarás cansado, Pitou…». «No, señor Billot». «Pues bien, ve a decir a Danton que es un perezoso, y que le esperamos».
—¡Pardiez! —exclamó Danton saltando del lecho—, he aquà un muchacho que me avergüenza. ¡Vamos, amigo mÃo, vamos!
Y acercándose a su esposa abrazóla, y salió después con Pitou.
La pobre mujer dejo escapar un débil suspiro y reclinó la cabeza sobre el respaldo de su sillón.
Lucila creyó que lloraba y respetó su dolor.
Sin embargo, pasado un momento, y al ver que no se movÃa, despertó a Camilo, y después se acercó a la esposa de Danton: la pobre señora se habÃa desmayado.
Los primeros albores de la aurora se deslizaban a través de las ventanas; el dÃa prometÃa ser magnÃfico; mas como si fuese un lúgubre pronóstico, el cielo tenÃa color de sangre.