La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Traed al delfÃn —dijo en voz baja MarÃa Antonieta a madame Isabel—, tal vez les conmoverá la vista de un niño.
Se fue a buscar al delfÃn.
Entretanto el rey continuaba su triste revista, y entonces tuvo la mala idea de acercarse a los artilleros, incurriendo con esto en una falta, porque aquellos eran casi todos republicanos.
Si el rey hubiera sabido hablar, haciendo que le escuchasen hombres que por sus convicciones se alejaban de él, esto habrÃa indicado valor por su parte y podÃa tener buen resultado; pero ni en la palabra ni en el ademán de Luis XVI habÃa nada que arrebatase. Limitóse a balbucir; los realistas quisieron disimular su vacilación con aquel malhadado grito de «¡Viva el rey!», que tan mal efecto habÃa producido ya, y esta vez faltó poco para que diera lugar a un choque.
Algunos artilleros, abandonando su puesto, precipitáronse hacia el rey, amenazándole con el puño.
—¿Crees acaso —exclamaron— que haremos fuego sobre nuestros hermanos, para defender a un traidor como tú?
La reina hizo retroceder al rey.
—¡El delfÃn —gritaron varias voces—, viva el delfÃn!
Nadie repitió este grito; el pobre niño no llegaba oportunamente y dejó de producir su efecto.