La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El rey se dirigió de nuevo a su habitación, y esto fue una verdadera retirada, casi una fuga.
Una vez en su aposento, Luis XVI se dejó caer sofocado en un sillón.
La reina, que se había quedado en la puerta, miraba en torno suyo buscando con los ojos alguna persona amiga, algún apoyo.
Entonces vio a Charny en pie, apoyado en el umbral de la puerta de su habitación.
—¡Ah, caballero —le dijo acercándose a él—, todo se ha perdido!
—Mucho lo temo, señora —contestó Charny.
—¿Podemos huir aún?
—Ahora es demasiado tarde.
—Y ¿qué nos queda que hacer?
—¡Morir! —contestó Charny inclinándose.
La reina dejó escapar un suspiro y entró en su habitación.