La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Cuando se toca un punto de la historia tan importante como aquel a que hemos llegado, no se debe omitir ningún detalle, puesto que el uno se relaciona con el otro, y que la unión exacta de todos ellos forma la longitud y anchura de ese sabio tejido que se desarrolla a los ojos del porvenir entre las manos del pasado.
En el momento en que Weber iba a decir al síndico de la municipalidad que la reina deseaba hablarle, el capitán suizo Durler subía a la habitación del rey para pedirle, a él o al mayor general, las últimas instrucciones.
Charny vio al buen capitán buscando algún ujier o ayuda de cámara que le introdujera hasta la habitación del rey.
—¿Qué deseáis, capitán? —le preguntó.
—¿No sois el mayor general?
—Sí, capitán.
—Vengo a pedir las últimas instrucciones, caballero, porque la cabeza de columna de los insurrectos se comienza a ver ya en el Carrousel.
—Se os recomienda que no os dejéis dominar, caballero, pues el rey está resuelto a morir en medio de nosotros.
—No tengáis cuidado, señor mayor —contestó sencillamente el capitán Durler.
