La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Al entrar en palacio, Roederer encontró al ayuda de cámara, que le buscaba de parte de la reina, cuando él preguntaba por ella también, sabiendo que en aquel instante era la verdadera fuerza del palacio.
Se alegró, por lo tanto, al saber que le esperaba en sitio retirado, donde podría hablarle a solas sin que le interrumpiesen.
Y subió detrás de Weber.
La reina estaba sentada junto a la chimenea, vuelta de espaldas a la ventana.
Al oír el ruido de la puerta, volvióse con viveza:
—¿Qué decís, caballero? —preguntó la reina sin precisar su interrogación.
—¿Vuestra Majestad me ha hecho el honor de mandarme a llamar? —contestó Roederer.
—Sí; sois una de las primeras autoridades de la ciudad; vuestra presencia en palacio es una salvaguardia, y deseo saber de vos lo que podemos esperar o temer.
—Esperar, poco, señora; temerlo, todo.
—¿Marcha el pueblo sobre palacio?
—La vanguardia está en el Carrousel y parlamenta con los suizos.
—¿Parlamenta?, pues yo había dado orden a los suizos de que rechazasen la fuerza con la fuerza. ¿Estarán, por ventura, dispuestos a desobedecer, caballero?
