La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Roederer no contestó.
—Enemigos por enemigos —continuó la reina—, prefiero esos que nos atacan de frente y a la luz del sol, a los otros que quieren destruirlo todo por la espalda y en la oscuridad.
—Entonces, señora, decida Vuestra Majestad: o marchar de frente contra el pueblo, o retirarse hacia la Asamblea.
—¡Retirarse!, ¿estamos tan faltos de defensores, que sea necesario retirarnos sin haber roto el fuego?
—¿Quiere Vuestra Majestad, antes de tomar una resolución, oÃr el informe de un hombre competente y conocer las fuerzas de que puede disponer?
—Weber, ve a buscar uno de los oficiales de palacio: el señor Maillardoz, o el señor La Chesnaye, o…
Iba a decir «el conde de Charny», pero se detuvo.
Weber salió.
—Si Vuestra Majestad quisiera acercarse a la ventana, podrÃa juzgar por sà misma.
La reina dio con visible repugnancia algunos pasos hacia la ventana, alzó la cortina y vio el Carrousel, y aun el patio de palacio, llenos de hombres con picas.
—¡Dios mÃo! ¿Qué hacen ahà esos hombres?
—Ya lo he dicho a Vuestra Majestad, parlamentan.
—Pero han entrado hasta el patio.