La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La galería estaba obstruida en la mitad de su largo y cortada en un tercio de su anchura; doscientos o trescientos hombres la defendían y podían entrar en el Louvre por una especie de puente volante que, empujado con el pie por el último que lo pasase, caía desde el piso principal al bajo.

El rey estaba asomado a una de las ventanas con el señor de La Chesnaye, el señor Maillardoz y cinco o seis gentilhombres.

Tenía en la mano un anteojo.

La reina se acercó al balcón y no hubo menester del aparato óptico para ver lo que pasaba.

El ejército de los insurrectos se acercaba; era numeroso, compacto, cubría toda la extensión de los malecones y se perdía de vista en lontananza.

El puente Nuevo era el punto en que se tocaban el arrabal de San Antonio y el de San Marcial.

Todas las campanas de París tocaban incesantemente a rebato, y la grande de Nuestra Señora dominaba con su ronco tañido todas las vibraciones de metal.

Un sol ardiente reflejaba mil chispas sobre los fusiles y los hierros de las lanzas.

Y a lo lejos, semejante al lejano bramido de una tormenta, oíase el rodar de los cañones.

—¿Qué le parece a Vuestra Majestad, señora? —preguntó Roederer.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker