La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Hijo mÃo, he querido hacer al pueblo más feliz aún de lo que era; necesité dinero para pagar los gastos que las guerras ocasionaban, y lo pedà a mi pueblo, como siempre lo hicieron los demás reyes predecesores mÃos. Magistrados que constituyen mi parlamento se opusieron, diciendo que solamente mi pueblo tenÃa derecho para votar ese dinero; y yo reunà en Versalles a los notables de cada ciudad, por su nacimiento, por su fortuna y su talento, para formar lo que se llama estados generales. Cuando estuvieron reunidos, exigieron de mà cosas que no puedo hacer, ni por mÃ, ni por ti, que serás mi sucesor, y hubo hombres malignos que sublevaron al pueblo. Los excesos a que se entregaron en los dÃas siguientes, son obra suya… Hijo mÃo, no se ha de tener por esto mala voluntad al pueblo.
Al oÃr esta última recomendación, MarÃa Antonieta oprimió los labios; era evidente que, encargada de la educación del DelfÃn, no le hubiera aconsejado el olvido de las injurias.
Al dÃa siguiente, la ciudad de ParÃs y la guardia nacional enviaron a la reina una comisión, rogándole que asistiese al teatro, a fin de probar asÃ, con su presencia y la del Rey, que residÃan con gusto en la capital.