La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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La Reina contestó que aceptaría con gusto la invitación de la ciudad de París, pero que necesitaba tiempo para no recordar los días que acababan de transcurrir. El pueblo había olvidado ya, y le extrañó que otros se acordasen.

Cuando la Reina supo que su enemigo, el duque de Orleáns, había salido de París, tuvo un momento de alegría; pero no agradeció a Lafayette aquel alejamiento, creyendo que se trataría de un asunto personal entre el príncipe y el general.

Lo creyó así, o aparentó creerlo, porque no quería deber nada a Lafayette.

Verdadera princesa de la casa de Lorena, por el rencor y la altivez, quería vencer y vengarse.

«Las Reinas no pueden ahogarse» —había dicho Enriqueta de Inglaterra en medio de una tempestad, y María Antonieta opinaba del mismo modo.

Por lo demás, ¿no había estado María Teresa más expuesta a morir cuando tomó a su hijo entre los brazos para mostrarlo a sus fieles húngaros?

¡Este recuerdo heroico de la madre influyó en la hija, y fue un error, el error terrible de aquellos que comparan las situaciones sin juzgarlas!

María Teresa tenía en su favor al pueblo; María Antonieta le tenía en contra.


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