La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Ya sabéis que si sale —contestó Pitou— es con la condición de volver a traerla al sitio donde ahora está.
—La traeréis —dijo Andrea.
—Muy bien.
Y volviéndose hacia el centinela, le dijo:
—Compañero, una dama de la reina saldrá ahora para ir a buscar con nosotros el cadáver de un valeroso oficial, de quien esta señora es viuda. Respondo de ella con mi cabeza.
—Basta, capitán —contestó el centinela.
Al mismo tiempo la puerta de la antecámara se abrió, y la reina se presentó cubierta con un velo.
Bajaron la escalera, la reina delante, y Andrea y Pitou detrás.
Después de una sesión de veintisiete horas, la Asamblea acababa de evacuar la sala, aquella sala inmensa donde tantos acontecimientos se habÃan acumulado en aquel espacio de tiempo, y que ahora estaba muda y sombrÃa como un sepulcro.
—¡Dadme una luz! —dijo la reina.
Pitou recogió una hacha apagada, la encendió y entregósela a la reina, que continuó su marcha.
Al pasar por delante de la puerta de entrada, MarÃa Antonieta la señaló con su hacha.
—¡He ahà la puerta dónde le mataron! —dijo.