La Condesa de Charny
La Condesa de Charny ¿Se ha señalado intencionadamente esa morada al soberano? No; es la casualidad, la fatalidad, y hasta diríamos la Providencia, si la palabra no fuese demasiado cruel.
En la noche del 13, el rey, la reina, madame Isabel, la princesa de Lamballe, la señora de Tourzel, el señor Chamilly, ayuda de cámara del rey, y el señor de Hue, que ejercía el mismo cargo para el delfín, fueron conducidos al Temple.
La municipalidad se había apresurado de tal modo para que trasladasen al rey a su nueva residencia, que la torre no estaba preparada aún.
En su consecuencia, la familia real fue introducida en aquella parte del edificio habitada en otro tiempo por el conde de Artois cuando iba a París, y que se llamaba el palacio.
Todo París parecía estar contento; cierto era que tres mil ciudadanos habían muerto; pero el rey, el amigo de los extranjeros, el gran enemigo de la revolución, el aliado de los nobles y de los sacerdotes, estaba prisionero.
Todas las casas que dominaban el Temple se habían iluminado.
Veíanse lamparillas en las almenas de la torre.
Cuando Luis XVI se apeó del coche, vio a Santerre a caballo, a diez pasos de la portezuela.