La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Dos municipales esperaban al rey con la cabeza cubierta.
—¡Entrad, caballero! —le dijeron.
El rey entró y, engañándose naturalmente respecto a su residencia futura, solicitó visitar las habitaciones del palacio.
Los municipales cruzaron una sonrisa, y sin decirle que el paseo, que la visita que se proponÃa hacer era inútil, puesto que debÃa habitar en el torreón, le permitieron recorrer todo el Temple.
El rey hacÃa la elección de sus habitaciones, y los municipales se gozaban en aquel error que debÃa convertirse en amargura.
A las diez se sirvió la cena, durante la cual Manuel permaneció en pie junto al rey; ya no era un servidor dispuesto a obedecer, sino un carcelero, un vigilante, un amo.
Suponed dos órdenes contradictorias, una dada por el rey y otra por Manuel: esta última es la que se ejecutará sin hacer caso de la otra.
Aquà comenzaba realmente el cautiverio.
A partir de la noche del 13 de agosto, el rey, vencido en la cima de la monarquÃa, abandona la cumbre suprema y baja con rápido paso por la vertiente opuesta de la montaña, al pie de la cual le espera el cadalso.