La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Durante los dÃas que asà habÃan transcurrido, y en que los nuevos habitantes de las TullerÃas adoptaron sus costumbres, Gilberto no juzgó oportuno presentarse al Rey, porque este no le envió recado; pero al fin, llegado su dÃa de visita, creyó que su deber le proporcionaba una excusa, la cual no hubiera osado alegar en nombre de su abnegación.
Era el mismo servicio de antecámara adoptado por el rey en Versalles y en ParÃs; de modo que Gilberto era tan bien conocido en las TullerÃas como en Versalles.
Por lo demás, aunque el rey no hubiese tenido que consultar al doctor, no le habÃa olvidado; Luis XVI era hombre demasiado justo para no reconocer fácilmente a sus amigos y a sus enemigos.
Y Luis XVI estaba persuadido hasta lo más profundo de su corazón, a pesar de las prevenciones de la Reina contra Gilberto, que este no serÃa tal vez amigo del Rey, pero sà de la monarquÃa, lo cual venÃa a ser lo mismo.
Por eso recordó que era el dÃa de servicio de Gilberto, y dio su nombre para que se le permitiera pasar cuando se presentase.
De aquà resultó que apenas hubo franqueado el umbral de la puerta, el ayuda de cámara de servicio se levantó, salió a su encuentro, y le introdujo en la alcoba del rey.
