La Condesa de Charny

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Capítulo XVII

Durante los días que así habían transcurrido, y en que los nuevos habitantes de las Tullerías adoptaron sus costumbres, Gilberto no juzgó oportuno presentarse al Rey, porque este no le envió recado; pero al fin, llegado su día de visita, creyó que su deber le proporcionaba una excusa, la cual no hubiera osado alegar en nombre de su abnegación.

Era el mismo servicio de antecámara adoptado por el rey en Versalles y en París; de modo que Gilberto era tan bien conocido en las Tullerías como en Versalles.

Por lo demás, aunque el rey no hubiese tenido que consultar al doctor, no le había olvidado; Luis XVI era hombre demasiado justo para no reconocer fácilmente a sus amigos y a sus enemigos.

Y Luis XVI estaba persuadido hasta lo más profundo de su corazón, a pesar de las prevenciones de la Reina contra Gilberto, que este no sería tal vez amigo del Rey, pero sí de la monarquía, lo cual venía a ser lo mismo.

Por eso recordó que era el día de servicio de Gilberto, y dio su nombre para que se le permitiera pasar cuando se presentase.

De aquí resultó que apenas hubo franqueado el umbral de la puerta, el ayuda de cámara de servicio se levantó, salió a su encuentro, y le introdujo en la alcoba del rey.


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