La Condesa de Charny

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Capítulo CLXVI

Por ligera que fuese la marcha de Maillard, no lo fue bastante para alcanzar a Beausire, el cual tenía en su favor tres circunstancias: primera, diez minutos de adelanto; segunda, la oscuridad; tercera, en fin, el número considerable de gentes que iban y venían, en medio de las cuales se confundió.

Una vez llegado al malecón de las Tullerías, el exportero del Châtelet continuó su camino: vivía como sabemos, en el arrabal de San Antonio, y el seguir la línea de los malecones hasta la Greve, no le apartaba mucho de la dirección que debía tomar para ir a su casa.

Un numeroso concurso de gentes del pueblo se apiñaba al puente Nuevo y en el puente del Cambio; habíase hecho una exposición de cadáveres en la plaza del Palacio de Justicia, y todos continuaban esperando, o más bien, temiendo hallar entre ellos a su padre, a un pariente, a un amigo.

Maillard seguía como los demás.

Llegado a la esquina de la calle de la Barillerie y de la plaza del Palacio, Maillard, que era amigo del boticario que había en aquel punto, entró en la botica y se sentó.


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