La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Tenéis razón, que habÃa desempeñado para con el cardenal de Rohan el papel de reina, ¿no es cierto?
—Y que vivÃa con una especie de tuno, de no muy limpios papeles: un antiguo exento, un tahúr, un espÃa llamado de Beausire.
—¡Cómo! —dijo Baillard, cual si le hubiese picado una serpiente.
—Llamado Beausire —repitió el boticario.
—Y ¿es ese Beausire el que ella, llama su marido? —preguntó Maillard.
—SÃ.
—Y ¿es para él el medicamento que venÃa a buscar?
—Le habrá dado alguna indigestión a fuerza de comer y beber.
—¿Un purgante? —preguntó Maillard con la insistencia de un hombre que sigue la pista de un secreto importante y no quiere perderla.
—Un purgante, sÃ.
—¡Ah! —dijo Maillard dándose una palmada en la frente—, ya tengo a mi hombre.
—¿Qué hombre?
—El de los once sueldos.
—Y ¿quién es el hombre de los once sueldos?
—Beausire.
—Y ¿lo tenéis?