La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Este acontecimiento, de suyo bien poco importante, habrÃa indudablemente pasado desapercibido en circunstancias tan graves como aquellas, si la semejanza de aquella mujer con la reina no hubiese preocupado a Maillard de un modo extraordinario.
De esta precaución resultó que, acercándose a su amigo el boticario, en un momento en que se hallaba desocupado, le dijo:
—¿Habéis fijado vuestra atención?
—¿En qué? —preguntó el boticario.
—En el parecido de la ciudadana que acaba de salir.
—¿Con la reina? —dijo riendo el farmacéutico.
—SÃ; ¿le habéis notado como yo?
—Hace mucho tiempo.
—¡Cómo hace mucho tiempo!
—Sin duda, es una semejanza histórica.
—No os entiendo.
—¿No os acordáis de la famosa historia del collar?
—¿Cómo queréis que un portero del Châtelet olvide semejante historia?
—Entonces debéis acordaros de una cierta Nicolasa de Leguay, llamada la señorita Oliva.