La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Eran dos ancianos de cabellos blancos, de venerable presencia, y cuya palabra, predicando en una especie de tribuna la resignación y la fe, ejerció una influencia sublime y benéfica sobre todos aquellos desgraciados.
En el momento en que todos estaban de rodillas recibiendo la bendición del abate Lenfant, volvió a continuar el llamamiento.
El primer nombre que se pronunció fue el del abate consolador.
Hizo la señal de la cruz, acabó su oración y siguió a los que habÃan venido a buscarle.
El segundo sacerdote se quedaba aún, y continuó la fúnebre exhortación.
Luego fue llamado a su vez, y siguió como su antecesor a los que venÃan por él.
Los presos quedaron solos sin sacerdote.
Entonces su conversación era sombrÃa, terrible, extraña.
DiscutÃan sobre la manera de recibir la muerte, y la fortuna o la desgracia de hallar suplicios más o menos lentos.